"Es la ley de la vida, que nunca pude entenderla,
tengo miedo debo confesarlo y esto apenas comienza.
Quizás no puedas entender esta carta,
porque tengo entendido que no me vas a reconocer,
pero alguna parte de vos dice que me queres.
Voy a obviar las lágrimas y demostrarte que soy fuerte,
aunque tenga el alma devastada y no te lo demuestre.
Yo soy Kael, aunque vos quisiste que me llame Kaká,
a mamá le gusto y vos te enojaste,
soy el que siempre quiso creer que era tu preferido, pero vos
te encargaste de hacernos entender que somos iguales,
nunca hiciste diferencia y eso era admirable.
Voy a describir con palabras la imagen que siempre recuerdo de vos,
carteras miles de diversas formas y tamaños, abrigos de piel,
labios colorados, un pelo fino y según mamá los ojos siempre mal
delineados, casi olvido tus zapatos de cuero italiano, y los pañuelos
que a escondidas siempre me encantaron usarlos..."
Continúa, pero si mi abuela no escucho lo que seguia
porque yo no podía seguir leyendo, nadie va a saber el final.
A la memoria de una de las únicas mujeres que amare en toda mi vida.
Letícia G.
quinta-feira, 23 de julho de 2009
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